miércoles, 6 de mayo de 2020

ya nada tiene sentido.

Me gustan las hojas color mate, los libros viejos y usados y los zapatos de vieja ¿nací anacrónicamente mal?
Estoy tomando un café en jarrita que me salió sesenta pesos en la estación de Retiro. A todo esto, no puedo parar de sentir el olor a coliflor podrido -comprado en el barrio chino- mezclado con cebollas caramelizadas que ronda en mi valija junto con mi ropa.
Antes de llegar a la estación me baje mal en la parada -el hijo de puta del chofer no me aviso ¿tendré cara de una turista pelotuda?- y si, tuve que caminar bajo la lluvia.Ahora estoy escribiendo con las zapatillas mojadas hasta los tobillos.
Si como eso no fuera poco, ¿a caso tengo cara de rata? porque el café mas caro de mi vida -reitero, en jarrita- cuesta también el ida y vuelta del mozo hacia mi mesa ¿pensara que no le voy a pagar? ¿le voy a pagar?
Ya ni puedo poner todos acentos porque se rompió mi computadora. Ya nada tiene sentido.

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